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La historia de Rosario, desde Dieta Club Necochea

En un tema tan vapuleado como el de las dietas, y que por lo tanto, se ha llenado muchas veces de significados ajenos al sentido de vivir sanos, es importante comunicarnos experiencias que contribuyan a hacer aflorar sentidos que se liguen a la idea de una vida más plena. Trataré de que el relato reconstruya lo vivido. En marzo de 2008, me acerqué al Dieta Club de Necochea, con mi hija María Rosario.(Edades: Madre,62. Hija: 30). Mi necesidad era bajar algunos quilitos que los largos años de tareas sedentarias agregaron a mi silueta. En el caso de Rosarito, con Síndrome de Down, llegar a un peso saludable que le permitiera , por un lado ,lograr una figura más acorde a lo que ella esperaba, y en lo profundo, evitar los riesgos propios de la obesidad. Iniciamos un camino familiar de búsqueda y experimentación de otras formas de alimentarnos que redundara en otros hábitos, acompañada por la intervención segura, estimulante y jamás invasiva del equipo de la institución. Mi esposo se unió con agrado al proyecto, y el resto de la familia comprendió y ayudó. Lo mío fue más sencillo, ya que para la primavera estaba en mi peso cómodo y más libre para hacer elecciones y seguir experimentando. María Rosario ya tenía historia en dietas que dieron su resultado, pero que con el tiempo, nos introdujeron en una rutina difícil de conservar. Los comienzos fueron algo dificultosos, pero la alegría de los logros fue prendiendo luces en el camino. La oportunidad de decir qué le gustaba y qué no, de ser entendida en su peculiar modo de expresarse y de tener un espacio que ella sintió como amigo, paciente y protector, se unió a mi propio aprendizaje. Esto de poder armar la dieta, conociendo elementos básicos, esto de poder variar, darse permisos, manejar los acontecimientos sociales para que sean fuente de felicidad y no de catástrofe, esto de incorporar maneras de seleccionar, de componer, en definitiva, de crear y recrear en la alimentación diaria, es un desafío agradable. Y cuando viene el desánimo (somos humanos…..) está la contención que te señala que el camino, en fin, está sembrado también de asperezas, que son superables. Mi hija hoy usa la ropa que elige (qué bien le queda el jean), disfruta mucho más de su gimnasia, que la acompaña hace más de 10 años, tiene más reconocimiento social, porque todos elogian lo que ha obtenido, se siente más segura en las reuniones, y algo más que creo importante : No se muestra “desesperada” ante una mesa servida. Se pone contenta, disfruta, elige. A veces, si hay un exceso, recapacitamos juntas y corregimos el camino. Soy consciente de que, como en otras cuestiones de la vida, esta es una tarea de construcción diaria, sin puntos terminales, con novedades frecuentes, con renuncias y logros. Con una marca esperanzada que trasciende la silueta física. Con gran cariño María Mercedes Yaben L.C. 4666092
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